El Verdadero Pionero de la Siembra Directa
A fines de los años 40, en una lejana aldea siberiana se produjo un acontecimiento que, según reconocen los especialistas, ocurre una vez en mil años. El campesino Terenti Máltsev creó un nuevo sistema de cultivo de la tierra.
UNA VIDA DEDICACADA AL CAMPO
Guennadi KOVALIOV
Foto de Albet GUSEV
* Tomado textualmente de la Revista Sputnik Selecciones de la Presa Soviética.
Noviembre 1985. Págs. 118-123.
Los campesinos rusos lo llamarán “sin vertederas”; los granjeros norteamericanos y canadienses, “tratamiento mínimo del suelo”; los científicos le darán un nombre más preciso: sistema de cultivo protector del suelo.
Alguien ha dicho que los verdaderos científicos no hacen más que luchar contra el sentido común, lo que también es aplicable a Terenti Máltsev. Su primer choque contra el “sentido común” ocurrió a comienzos los año 20, cuando relevó a su padre una parcela. En una de aquellas primaveras tardías, salió al campo cuando los vecinos de la aldea ya concluían la siembra. Aró y rastrilló su campo, pero no se daba prisa en sembrar. Sus paisanos se reían: <<¡vaya amo!>> Dos semanas después, la maleza crecía pujante, adueñándose del campo. Al oír por boca de los vecinos la <<cosecha>> que había tenido su hijo, el padre fue a la parcela. Cuando vio la hierba, se dejó caer en el lindero y echó a llorar. <<No te apenes, padre, la cosecha dirá quién tiene la razón>>, lo consoló Terenti. Después quitó la maleza con una rastra especial diseñada por él, y comenzó a sembrar. Aquel otoño nadie supo qué había crecido en los campos vecinos: trigo o malezas. En cambio, el trigal de Terenti estaba limpio de malas hierbas y dió el doble de grano. <<Esta fue mi primera victoria>>, escribiría varios años después.
Durante siglos se creyó que la tierra necesitaba ser labrada cada año. Y desde fines del siglo pasado, cuando se inventó el arado de vertedera, la labranza se realizaba invirtiendo la capa del suelo. Máltsev llego a la conclusión y luego lo demostró prácticamente - primero en el Koljós donde trabajaban y después en la experiencia desarrollada en toda la provincia de Kurgán - que la labranza anual, y con mayor razón la que invierte la capa del suelo, aparte de no ser útil, resulta incluso nociva. Las capas superiores e inferiores del suelo desempeñan un papel importante en la vida de las plantas y, por consiguiente, violar su ubicación, volver la tierra al revés, va contra la naturaleza. El suelo piel viva del planeta, cuya formación la naturaleza emplea entre dos y siete milenios, dice Máltsev, puede ser destruido por tres fuerzas terribles: tormentas, fuertes aguaceros… y el arado de vertedera. Este arado no solo destruye el suelo, si no que además ayuda en este propósito a las lluvias y tormentas. En más de una ocasión los agricultores de América del Norte y del Sur de Rusia fueron testigos de ello. Cierta vez una tormenta arrancó una capa superior del suelo <<labrado>> de Kubán y la llevo hasta Italia.
Máltsev no es adversario de la labranza. Pero en primer lugar, explica a los agrónomos: esta no debe efectuarse anualmente, sino una vez cada 4-5 años; segundo, exclusivamente con un arado sin vertedera que mulla el suelo (cosa que no puede hacer la naturaleza) dejando intacta su estructura. Este principio es el más importante, aunque no el único, de la agrotécnia de Maltsev. Resumiendo, el ABC es el siguiente: sembrar por la rastrojera, pero sin darse prisa: primero esperar que brote la maleza y luego destruirla. En lo que respecta al calendario de la siembra: orientarse por el tiempo. Por último, no olvidarse de la rotación de cultivos y de los barbechos limpios. Esa es la cadena de interrelaciones. Si se rompe, el sistema de Máltsev ya no existe. En una cadena todos los eslabones son importantes.
No fue fácil persuadir al campesino que abandonara los hábitos clásicos de cultivo. Durante siglos labró con el arado timonero (común), y cuando apareció el arado de vertedera respiro con alivio: ahora podía con los terrenos baldíos llenos de malezas y la estepa salvaje. Pero de pronto llegan y le dicen: quítale las vertederas al arado y haz algo similar al arado común…
Los agrónomos y los científicos de la vieja escuela recibieron armas en ristre los consejos de Máltsev. Por lo visto, en parte se debió a que ellos mismos escucharon de sus labios: << Soy un ignorante que sabe algo>>. Quedaron estupefactos.
Efectivamente, el autor del nuevo sistema de cultivo no había estudiado en la escuela un solo día, pues su padre no se lo permitió. <<El campesino ignorante se agarra más firme del arado>>, solía decirle. Y el hijo tuvo que estudiar a escondidas de su progenitor. Se reunía con los muchachos de su edad que asistían a la escuela; les pedía que le enseñara como escribir las letras y números. Sus primeros ejercicios los hizo en la arena durante el verano, y en la nieve en invierno.
Terenti Máltsev también fue autodidacta en lo que respecta a la educación técnica << ¿Que cómo estudié? Pues tomo un libro y leo - nos cuenta-. No entiendo ni jota. Miro al final lo que señalan. Así llego a la fuente. En la fuente todo es más claro y transparente. Y así sigo hasta que sienta que puedo volver al primer libro. Es trabajoso, pero uno va a la segura>>.
Este método le fue muy útil, sobre todo cuando comenzó a estudiar complejos trabajos de agronomía y filosofía, por la cual por la cual siente una gran pasión. No en vano en 1983, al invertir en sesión académica del Presídium de la Academia de Ciencias Agronómicas, tituló su informe: Problemas filosóficos de la agricultura.
Pero retornemos a los orígenes del sistema de Maltsev. La ciencia agronómica de comienzos de la década de los 50 se hallaba bajo la poderosa influencia del sistema de la rotación de cultivos con alternación de hierbas forrajeras, cuyo precursor fue el académico soviético Vasili Williams. Este partía de la base que la fertilidad del suelo era propiciada solo por las plantas vivaces, y que las anuales –entre ellas, los cereales- lo empobrecían. Máltsev, por su parte, trataba de demostrar, basándose en las investigaciones de otros conocidos científicos y en su propia experiencia, que todas las plantas proporcionan la fertilización del suelo. Y resultó estar en lo cierto. La ciencia testimoniaba que para elevar el contenido de mantillo en el suelo en 1% la naturaleza precisa alrededor de 100 años. El análisis del suelo cultivado según el sistema Máltsev, donde prevalecían las plantas anuales, mostró que en 10 años la cantidad de mantillo había aumentado en un 0,1%. Lo cual significaba que la acumulación de sustancias orgánicas en la tierra labrada y productiva se lleva a cabo con el mismo ritmo con que actúa la naturaleza. Esta conclusión, aparte de su valor teórico, tiene una gran importancia práctica: no era necesario ocupar grandes extensiones de tierra cultivable con hierbas perennes poco productivas, cuando en su lugar podrían sembrarse granos. En cuanto a la rotación de cultivos, también había serias divergencias entre Máltsev y Williams. Para este objeto, según Williams se requería de una decena de campos. Máltsev insistía en que cinco bastaban. La ventaja estaba a la vista: menos superficie para culturas secundarias; más, para los cereales.
Había otros problemas que eran motivo de discusión. En uno de ellos, Máltsev se mostró más papista que el papa. Ambos tanto Williams como Máltsev, reconocían la necesidad de los barbechos. Willians, para hacer producir los barbechos, proponía sembrar en ellos plantas vivaces. Máltsev decía que aquello era una ilusión, y propugnaba los barbechos limpios. Sí, es cierto, la quinta parte de la tierra cultivable <<descansa>> en los barbechos, pero sin estos no se puede acabar con el enemigo número uno del agricultor: la maleza. Salvo que se recurra a los herbicidas, pero el remedio puede resultar peor que la enfermedad. Sin barbechos es ilusorio pretender elevar la cultura de los cultivos, como es ilusorio pretender elevar la cultura de un pueblo sin escuelas y bibliotecas.
Pero ¿Quién tenía la razón: el eminente científico y su escuela o el labrador koljosiano? La discusión podría haber continuada durante décadas. En esa época se preparaba la asimilación masiva de tierras vírgenes en las áridas estepas del norte Kazajstán y Altái, similares por sus condiciones naturales a las tierras de la provincia de Kurgan. Y entonces, en 1954, en el Koljós Zaveti Lénina, donde trabajaba Máltsev, se resolvió celebrar una conferencia nacional de agricultores. Máltsev expuso sus ideas, contó sus experiencias. Su agrotécnia constituyó la base de los trabajos del Instituto de Investigación Científica de Cerealicultura, y sus obras -Máltsev ha escrito cerca de una veintena de libros- hasta hoy sirven de manuales a los estudiantes de agronomía.
El arado de Máltsev, sin vertedera comienza a difundirse en los campos del sur de Ucrania, en las llanuras de los ríos Don y Kubán. Ha dado buenos resultados, sobre todo en las regiones donde las sequías se suceden con regularidad. Cuando escriben acerca de ello, comúnmente se refieren a las experiencias del Koljos de Máltsev. En el verano de 1958, los campos de Zaveti Lénina parecían un desierto: la temperatura ascendió hasta 63ºC, y solo hubo 9 milímetros de precipitaciones. Pero la cooperativa tuvo su cosecha. Obtuvieron 1 t de grano por hectárea, y en los campos protegidos por los barbechos, 1,5 t. Entretanto, en 1911 durante una sequía similar a esta –aunque con seis veces más precipitaciones- se perdió toda la siembra y se desató el hambre.
El año pasado en URSS fueron labradas 49 millones de hectáreas según el sistema Máltsev, o sea, casi la quinta parte de la tierra cultivable del país. Cada hectárea dió 3-4 quintales métricos más que en las cosechas anteriores.
Este mes Terenti Máltsev cumple 90 años. Académico honorario, dos veces héroe del trabajo socialista, Premio Estatal, delegado a seis congresos del PCUS, diputado al Soviet Supremo de la Federación Rusa durante 20 años. Es tan famoso en nuestro país, que los funcionarios de correos no experimentan dudas cuando de los EE.UU., Canadá, Australia, y de otros países llegan cartas con esta lacónica dirección: << Máltsev, URSS >>.
Terenti Máltsev continúa con su labor. Con su hijo Savva, agrónomo seleccionador, en la estación experimental de su Koljós trabaja en una nueva variedad de trigo resistente a la sequía y de alta productividad. Konstatín, el mayor de sus hijos, también quería ser agrónomo, pero pereció en la guerra. Las tres hijas siguieron el camino de su padre. Solo el hijo menor no se sintió atraído por la agricultura: es químico.
Pese a su avanzada edad, Maltsev viaja por el país, interviene gustosamente en simposios. Recientemente estuvo en Moscú participando en una sección Académica de Ciencias Agronómicas, y esperamos que pronto regrese a la capital como delegado al XXVII Congreso del PCUS, que iniciará sus labores al 25 de Febrero del año próximo.
- A su juicio, ¿Qué le falta a la agricultura de hoy? –le preguntaron en una ocasión los periodistas.
- Labradores pensantes –respondió Máltsev, para luego aclarar-: En el mundo hay muchos científicos, hay implementos técnicos suficientes, pero no es fácil hallar agricultores que experimenten.
Extraído del libro de Máltsev
EL CAMPO ES MI VIDA . Reproducido por Ing.Agr.M.Sc. Rafael Sánchez





November 26th, 2007 at 10:14
Saludos Lei el articulo original en la revista rusa hace mucho tiempo donde Terenti explicó su sistema de siembra. Me pareció en extremo interesante pero no he podido conseguir los libros de su autoría. Si acaso alguien sabe donde los puedo descargar escriban a mi correo snt_goal@yahoo.com Gracias